Gusto en conocerte J.S.

Muchas veces he contado mi no mesurado apego a las obras clásicas de Charles Dickens, tanto que puede ser el único autor que me quite el sueño, logrando así leer incontables veces el mismo libro, aprendiendo muchas veces la misma línea como guión cinematográfico aunque muchas de ellas no hayan sido vistas en cine.

Puedo también como vicio no muy agradable sentirme una más en alguna obra o peor, sentir mío algún personaje, a veces, no de vida o dichas tan dulces. Lastimosamente un poco desgraciados de suerte. Así como Carrie Bradshaw en la serie (aunque no sea una obra literaria prestigiosa) o a la pobre Emilita en David Copperfield.

Emilia de belleza incomparable, tierna, preciosa, de mayor algo presumida y jactanciosa apesar de su pobre vida, vivía al lado de su tío en una barca/casa (termino apenas inventado por mi al no saber como llamarle a una barca varada cerca del mar, utilizada como casa) adorada por su tío y toda la familia peggoty, emilia era sin dudar una señora aunque en los tiempos victorianos su poco estatus social no se lo permitía. Pero ella soñaba con serlo.

Sería uno de los primeros amores de David, sin nunca llegar a otra cosa. Fue entonces la presa fácil de James Steerforth, pero vamos, por amor ¿quien no lo es? James Steerforth, amigo de David desde su niñez, por muchos un alma negra aunque para David un ser de luz, llegó a casa de los Peggoty por curiosidad de saber cómo vivía esa gente, aunque claro a David le aparentaba que gustaba de ese tipo de vida. Fue entonces que conoció a emilia, ella era prometida de Ham, un primo, no era guapo pero la adoraba en demasia ¿y ella? Ella al mirar a James quedo enamorada, de él y de poder convertirse en señora.

Ante las tantas promesas de un caballero inglés adornado en amor y en buenas maneras se fugó con él. Mala hora en conocer a ese despiadado ser, “ojalá nunca me hubiese cruzado con él” dijo después.

Steerforth la quiso, la adoro como pudo se enamoró un rato y después, por no contrariar la bondad de la mamá y de Rosa(compañía de la Madre de James y un poco enamorada de él) prefirió abandonarla, tratando de tapar su honra casandola con su fiel sirviente y huir. Rosa, quien prefería injuriar a Emilia antes que al perverso aquel fue en su búsqueda porque también por derecho social él le pertenecía más a ella. ¡Libreme Dios! Más sentí mías las palabras despectivas que Rosa lanzaba como cuchillos lacerantes sobre Emily. Alguna vez la humillación del amor cruzó mi puerta.

La Madre nunca permitiría una boda en la que el grado social no fuese igual que al de su hijo y él tampoco, aunque a Emilia le habría hecho creer otra cosa, le amaba, por ello le creía.

¿Pero, era amor? Emilia ¿se enamoró? o quizás solo quería ser una señora. Aún no se interpretar de lleno una obra literaria, pero hablando de amor tampoco hay mucho que escudriñar.

Steerforth mientras tanto solo quería divertirse con esa muchacha hermosa, a la que muchas veces dijo merecía ser una reina.

¡Ay! Pobre emilita a ojos de la familia Steerforth una joven aprovechada del inocente Jaime “una intrigante” que lo seduce.

¿Te has cruzado alguna vez con algún James Steerforth? Un chico corrompido por su madre y por su estatus.

Quizás si. Nunca eres suficiente y sueles ser engañada. En otra vida seré Dora la capullito de un tal David.

Mientras:

Mucho gusto James, un placer haberte conocido.

Te esperaré toda la vida.

Se llamaba Minea en honor a una princesa Cretense tan blanca y bella que todos caían por su amor, por la cual Sinhue el egipcio se atrevió a adentrarse al laberinto del minotauro para salvarla. Pero quizás no debí llamarla así, la princesa serviría de tributo.

Se llamaba Minea pero yo le decía mine, mi mine, mini, minita de oro, tesoro, minenina, mi minita. Se llamaba minea fue mi gran amor junto con momo.

Se llamaba Minea y era tan traviesa que un día se rompió un diente al caer de un árbol, le gustaban las alturas pero lloraba para que yo la bajara, yo en cambio odiaba las alturas pero por ella subía a lo más alto. La regañaba por no venir siquiera a comer por seguir jugando, la metia por la noche renegandome porque quería seguir en el patio. Le hice un agujerito de guarida para ella sola y junto con Momo salíamos a caminar.

¡Minea! Le gritaba para saber dónde estaba, ella respondía, ella me llamaba. Se metía en lios y ahí iba yo para rescatarla. Siempre me respondía para decirme dónde estaba. Siempre la miraba como llegaba a mi llamado.

Hoy grité su nombre pero no me respondió y tampoco la vi acercarse corriendo hacia mi.

Hoy la operación no la aguantó y al llegar a casa cerró su ojitos. Hoy lloré por ella abrazandola como queriendo incrustarla para siempre en mi pecho y jamás soltarla, hoy entendí que sin ella no podría vivir.

Ayer por la noche lloraba, se lastimó su espaldita por el suero, yo lloraba por ella y la abrazaba, ella se hechaba en mis brazos y en ellos se quedaba. Ayer fue nuestra ultima noche juntas, ayer escuché por última vez su voz, hoy me muero junto con ella.

Hoy la extraño y parece la extrañaré siempre, hoy la estoy buscando en cada rincón donde ella dormía. Hoy la miro sin mirarla.

Mi minea, mi princesa cretense que tenía muchas cosas que ningun gato tendría.

Mi minea a quien momo y yo esperaremos en el jardín para siempre, a la que cada noche seguiré llamando para ir a casa, a quien le cante al oído mi canción favorita de Enrique Urquijo.

Y lo he pensando y hoy sin dudar vuelvo a tu lado.

Ayúdame y te habré ayudado que hoy he soñado en otro mundo en otra vida pero a tu lado.

Me quedo como la canción de Extremoduro “si te vas me quedo en esta calle sin salida..sin salida” mi Minita de oro.

Quedamos momo y yo, desde aquí te cuento que te extrañaré toda la vida, te lloraré y te seguiré llamando aún mirando al cielo.

Aún en todos los imposibles que la vida presenta le pediré a Dios que te devuelva conmigo. Resucita al tercer día mi mine. Por mi.

Vuelve a la vida.

Le decía a minea mientras le colocaba el catéter del suero.

Las noches son largas cuando debes cuidar la existencia de quien más quieres, de quien a tu lado recorre el camino sin cansarse. Aunque un día de estos esa misma caminata le exhauste y quiera descansar muy apesar tuyo.

Mirar el gotero del suero caer, aprender a mirar las agujas, hacerte la valiente, cantar canciones, respirar, decirle al oído que no te deje, pedir a alguien imposible de mirar que te devuelva la vida de antes. Uno, dos, tres, cuatro, sin poder dormir, mil cosas por hacer para distraer el cuerpo agotado pero temeroso de cerrar los ojos por si acaso el estar despierto corriera de la morada cualquier desgracia durante la noche, como cuando creíamos que la linterna servía de arma contra los fantasmas de la obscuridad sin embargo de los ruidos y quejidos no te salvaba. -¿Miedo?- Un poco. Me es difícil ver morir aún cuando se me ha educado de que en ello principia la vida, la verdadera y liguera felicidad.

Pero no verte más me causa angustia, extraño a mi primer gato y cuento los días que a mi padre enfermo podrían restarle, llevo mal las leyes del destino cuando no quiero que nada se vaya, cuando no quiero que siquiera mi gato cruce el arcoíris ¿cobarde? Si un poco.

Pero he pasado por ello, una enfermera que no quiere serlo, que llora y se hiperventila con los sucesos extraños. También te extraño.

Minea llora por la medicina, las noches están intranquilas, le cuento a mi madre que así fue con mi otro gato ¿porque se enferman así? Un día pregunte, ¿porque valoro tanto su pequeña vida, como para también con su agotado cuerpo desvelarme? Son animales me dicen algunos ¿y cuando es mi padre? ¡No compares! Me contestan.

Me encadenó al mundo con la vida, no tanto por aquello de lo que carezco.

Mi gata se inquieta ¿es la herida o la enfermedad? Milo pasó por ello y no aguanto, Momo paso por ello y se quedo.

Gotea más el catéter también está por amanecer, ojalá salga el sol pronto, las noches son las peores decia Herminia a paquita cuando acomodaba la cama para Mercedes enferma de cáncer, suele ser así. Las noches son las peores decia mi tía cuando le preguntaba porque era justo cuando mi abuela o mi padre empeoraban en su enfermedad. Cuando no hay doctor, cuando no hay farmacias.

La noche era de mis preferidas, aclara las ideas y descansa el corazón, ahora suelen ser el espectro que más miedo te da.

Minea llora por la aguja, minea no se acomoda.

Minea no te vayas.

Minea no me dejes.

James Stewart.

“De tanto verte me has gustado”

Eso me lleva al:

“Como vas a romper el mío si no puedes ni romper el hechizo que pesa sobre ti” El increíble castillo vagabundo.

Un día puedes enamorarte de John Gavin, no en su papel de psicosis que aún, hombre reusado al matrimonio por las cuentas que pagar se hizo el valiente para ir a en busca de la novia que no quería dejar ir y a la vez un poco si. Pagar las deudas de un padre fallecido, una pensión a una ex esposa y un pequeño negocio de ferretería que atender lo llevaba a las constantes quejas a su novia para no comprometerse con ella. La “psicosis” de la chica quizás empieza ahí. Pero desgraciadamente puedes fijar los ojos en el John Gavin del glorioso Pedro Páramo, el cacique guapo y educado que para asegurar su posición en su tierra escoge de manera inteligente a la más rica del pueblo esperando que ella arregle sus deudas de dinero, su vida y vivir larga y cómodamente con el favor de la susodicha. Mientras, galante como siempre hacerle la corte a toda chica linda, soltera o no tanto, para saciar sus fríos anhelos de hombre. Chiquillas que no tienen nada que darle, por lo tanto desecharlas después de haberlas probado satisfactoriamente.

“Todos son hijos de Pedro Paramo”

Pero aún ese tipo de hombre vivió toda la vida con el recuerdo de susana tanto que al morir solo la busco a ella. En vida le hizo a todo el pueblo un infierno , en su muerte fue cobrada. Pero ¿Porque no quedarse con susana? ¿Porque no le aseguraba la posición o solo porque susana se había ido? como en el argumento. No lo sé. Nos alivian diciendo que son hombres inútiles, sin embargo su desprecio suele ser el más cruel, de ese tipo de hechizos no es fácil deshacerte, aparte de no tener encanto te falta un poco la dote ¿En estos tiempos? Un poco si.

Mientras quieres dejar de mirar a john Gavin (nombrado ya muchas veces) se cruza James Stewart ( gracias a Dios) al que miras cada noche en cada película del célebre Alfred Hitchcock, un hombre alto que al sentarse en las sillas pequeñas de Marruecos sus piernas dobladas parecen no tener final, un hombre que hace de todo para recuperar a su hijo o no se resiste al amor aun en silla de ruedas.

Y bueno, te enamoras de ese George Bailey tan joven y entusiasta que desea viajar por el mundo pero por errores, o no, del destino termina encadenado al trabajo de su padre y a su pueblo. Por amor quedarse con la chica que conoció en la graduación de su hermano y desear seguir viviendo por el mismo amor a sus hijos apesar de casi verse en la quiebra. Un gran hombre en ¡Que bello es vivir!..Él vive glorificado al contrario de Páramo, te das cuenta entonces que es cierto lo que dijeron:

No veas la belleza en lo fisico

Pero al final de tanto enamorarte le ves como el más guapo del mundo.

En fin, ojalá me cruce más con James Stewart que con Pedro Páramo.

Acto primero.

El cuervo.

Mi amor es pobre, no le daría la corona ni mantendría sus vicios.

Mi amor es poco, no alimentaría su vida con el coste de sus platillos.

No era la reina que le exigía decoro, pero rondaba las flores mostrando su astucia.

Burlas después porque perdería su trono, vergüenza después por verse atrapado.

Lloros dejó porqué escondió su estado.

El jarrón.

Estaba secando el jarrón del café después de haberlo lavado.

Estaba secando el jarrón del café cuando se rompió.

¿Tanto fue mi fuerza?

Estaba pensando en la foto familiar en la que quería llevase mi nombre, el dolor es largo cuando ves todo perdido, la angustia es más cuando es pobre la justicia.

Mi nombre al lado suyo en la foto familiar, estaba pensando en ello secando el jarrón del café.

No era el mío, había otro.

Seque el jarrón y se rompió, creo ya estaba estrellado, no se notaba a simple vista.

Es el fin.

Morriña.

Gerardo al ser mandado por su padre a la universidad de santiago de compostela porque allá como sórdido pueblesiño no había las distracciones que en Madrid encontraba, conocia entonces “la morriña” esa tristeza, desconsuelo o la zozobra de extrañar algo o a alguien y caer un poco en depresión. -La mente ocupada no siente eso- le decian sus amigos pero aquí no hay amigos que me lleven a juguetear por allí tratando de sacar unas pesetas para divertirse o para el café.

Me encierro entonces al agrado de la imaginación que dan los libros aunque por mis pocos movimientos suelo leer los mismo casi siempre y casi siempre también a Charles Dickens. No cambio.

Empero vuelve la zozobra, el perder mis cosas, mirarme al espejo, escudriñar mi cabello con mis manos torpes que él solía mirar con desprecio. Quiero escribir de ese mismo desprecio que sentía por mi como al armar un rompecabezas y no hacerlo bien. Pero tiene mucho que no hago las cosas correctas o nunca las hice y hasta conocerle a él me di cuenta de mi embuste.

¿Porqué?

No riman esos desprecios, ni mi cara distinta, ni mis rasgos bruscos ni siquiera mi miedo a las alturas que desde que se marchó me han quedado. Suelo subir los escalones mirando con vértigo hacia el suelo, respira María habrá que bajar. Desde entonces no subo a las alturas.

Otras veces pierdo mis cosas hasta ahora no los encuentro. Me dicen desde entonces que “no” y nadie busca mis ojos marrones. Por ello creo no logro la estrofa de todas mis quejas de todos mis lloros.

Morriña. coloq. Tristeza o melancolía, especialmente la nostalgia de la tierra natal. RAE.

M.

Desperté tratando de recordar lo que durante la noche había soñado, solía como José el soñador sacar hebra de cualquier intento de predicción por mi parte. Recordé entonces que de un tiempo para acá ya no sueño, habrá desilusiones, un helado de vainilla, un poco de aquí y un poco de allá. Nada que cualquiera no vería en sus noches. Ya no estás ¿recuerdas su nombre? Ya no deambula pero recuerdo al mirarme al espejo que le gustaba mi cabello negro, tenía razón, me hacía más fina mi expresión. Ya no tengo la cara de niña que le fascinaba, mi color castaño empobrece la belleza física de la que tristemente carezco un poco. Tengo ojeras y mi rostro ya apagado porque mis regordetes mofletes no son lindos, solo regordetes. Recuerdo también que me visto algo anticuado, mis zapatos no combinan y mis abrigos para la lluvia son de colegio inglés, no produzco miel ni se de arte. Mis grandes ojos cafés los enegrese su alrededor y ¿mi sonrisa? Ni con pintalabios. Recuerdo entonces que no soy bonita.

De un tiempo para acá ya no sueño, de un tiempo para acá olvido su nombre pero no los defectos.

¿Es lo único que recuerdas? Al despertar si.

María.

Cuando no te escriba
Preocupa a la vida por no recordarte,
Cuando no te cante
Sal a la brisa a escuchar su murmullo.

Cuando no me escojas
Mira las hojas del otoño caídas,
La flor que en su sed vuelve a la tierra,
La semilla que en primavera germina.

Cuando no te llame
Mira los ojos de quien tu sonrisa refleja,
Cuando no me encuentres
Rebusca en mis sueños de donde nunca te escapas.

Cuando al fin quieras
El último pétalo de mi rosa el viento la habra volado,
Y nuevos retoños estará buscando,
La vida en ella estará floreciendo.

𝐌𝐚𝐫í𝐚.

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